Lo que se ha movido al compartir mi historia sobre la Terapia Hormonal para la Menopausia

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Hoy quiero hablarte de todo lo que se ha movido a raíz del artículo que escribí sobre la terapia hormonal para la menopausia. Voy a hacer una síntesis y análisis a través de todos los mensajes que me habéis enviado porque es bien interesante y revelador para todas nosotras.

Así que prepárate una infusión o un refresco y disponte a conectar con este momento de presencia y consciencia femenina.

Cuando publiqué el artículo donde explicaba por qué, después de tantos años investigando, viviendo y escribiendo sobre menopausia consciente, había decidido empezar terapia hormonal, pensé que la conversación giraría más alrededor de las hormonas. Imaginé preguntas sobre riesgos, beneficios, estudios científicos o tipos de tratamiento. Sin embargo, ocurrió algo muy distinto…

Empezaron a llegar correos, algunos larguísimos, escritos casi como si fueran páginas de un diario. Otros eran unas líneas enviadas desde el móvil, quizá aprovechando un momento de valentía. Los he leído todos con calma y respondido con amor porque siempre he pensado que, cuando una mujer decide contar su historia a otra mujer, sucede un acto profundamente sagrado.

Y mientras iba pasando de un mensaje a otro empecé a comprender que, en realidad, ninguna me estaba hablando únicamente de terapia hormonal, me estabais hablando de vosotras.

Una mujer me escribía:
“Antes caminaba como si me comiera el mundo. Ahora necesito pedir opinión para todo.”

Otra confesaba:
“No sé quién soy ahora.”

Otra resumía toda su experiencia en una frase que me resonó profundamente:
“No me reconozco.”

Esa frase apareció varias veces, con palabras distintas, pero con el mismo fondo. Mujeres que habían sido fuertes y resolutivas y que, de pronto, sentían que algo esencial se había esfumado. Mujeres acostumbradas a confiar en su criterio que empezaban a dudar de decisiones que antes habrían tomado con naturalidad. Mujeres que no hablaban tanto de los sofocos como de una pérdida silenciosa de sí mismas.

Terapia Hormonal Menopausia

Y entonces comprendí algo: yo había compartido una historia sobre terapia hormonal y vosotras me habíais devuelto una conversación sobre identidad.

Quizá por eso muchos de vuestros mensajes me emocionaron tanto. Porque no buscaban convencerme de nada, ni pedían que yo convenciera a nadie. Eran el intento, a veces desesperado, de poner palabras a una experiencia que cuesta muchísimo explicar. ¿Cómo le cuentas a alguien que sigues siendo la misma persona y, al mismo tiempo, sientes que ya no acabas de encontrarte? ¿Cómo explicas esa mezcla de tristeza, miedo, inseguridad o apatía cuando ni siquiera tú entiendes del todo qué está ocurriendo?

Me llamó especialmente la atención que, aunque algunas empezábais hablando de síntomas físicos, casi todas terminabais hablándome de salud mental, de la ansiedad, de la tristeza, de la ira que aparecía sin reconocerla como propia, de la pérdida de confianza, del miedo, de esa fragilidad emocional que tantas describíais con palabras diferentes y que, sin embargo, tenía un aire de familia.

Durante demasiado tiempo se ha hablado de la menopausia casi exclusivamente desde el cuerpo, como si todo se redujera a sofocos, insomnio o sequedad vaginal. Pero leyendo vuestros testimonios tuve la confirmación de que hay una conversación mucho más amplia que apenas estamos empezando a sostener: la que habla de la relación entre los cambios hormonales, la historia de vida de cada mujer y la salud mental y emocional.

Cada una de nosotras llega a esta etapa con una biografía distinta, con heridas distintas, con niveles diferentes de estrés, con duelos, con historias familiares, con traumas o con una enorme fortaleza construida durante décadas. Es necesario incluir esto en el abordaje de la transición a la menopausia.

Terapia Hormonal Menopausia

Hubo otra idea que se repetía con una frecuencia que no esperaba. Muchas de vosotras me escribisteis algo parecido a esto:

“Yo también pensaba que nunca tomaría terapia hormonal.”

“Siempre he sido muy de lo natural.”

Y, al leer esas frases, sentí que estaba leyendo una parte de mí, porque yo también recorrí ese camino.

Y quizá por eso me conmovió especialmente descubrir otra culpa que muchas llevábamos en silencio: la de pensar que, si algún día necesitábamos ayuda médica, era porque no habíamos hecho suficiente trabajo interior. Como si meditar más, comer mejor, hacer más terapia o comprendernos un poco más tuviera que bastar siempre. Ya no creo que sea así.

Sigo pensando que el trabajo interior ha sido uno de los mayores regalos de mi vida, me ha sostenido en momentos muy difíciles y continúa siendo el lugar desde el que entiendo la existencia. Pero hoy también sé que hay momentos en los que ese trabajo necesita otros aliados y aceptar esa posibilidad no invalida todo el camino recorrido.

Mientras leía vuestros correos tuve, además, otra sensación que me llenó de esperanza. A pesar de todas las dudas que todavía existen, creo que algo importante está cambiando entre nosotras.

Hace apenas unos años esta conversación era casi impensable. La terapia hormonal seguía envuelta en un miedo enorme, se hablaba muy poco del impacto de la menopausia sobre la salud mental y muchas mujeres atravesaban esta etapa creyendo que tenían que soportarla en silencio o resignarse a que “era lo que tocaba”.

Hoy seguimos teniendo dudas, seguimos necesitando mucha más investigación y mejor formación. Pero también tenemos acceso a una cantidad de información que nuestra generación no había tenido nunca. Podemos escuchar a profesionales de disciplinas diferentes, leer estudios, contrastar opiniones, compartir experiencias y, sobre todo, tomar decisiones mucho más conscientes sobre nuestra propia salud porque nos escuchamos y nos conocemos, cada vez más.

Y esto también es una forma de madurez, como colectivo femenino.

Gracias por confiarme vuestras historias, de verdad.

Porque si algo me han enseñado estas semanas es que aquel artículo dejó de pertenecerme el día que lo publiqué. Desde entonces ya no habla solo de mi experiencia, habla de un lugar donde muchas mujeres han empezado a reconocerse unas a otras. Y esto es muy poderoso porque podemos crecer juntas y aprender mucho sobre este camino de la madurez consciente, en este espacio tiempo que estamos encarnando.

Gracias por tu confianza. Si después de leerla te apetece compartir tu experiencia, respóndeme, me encantará leerte.

Mónica Manso

 

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