Hace ya muchos años que me levanto cada mañana media hora antes que el resto de mi familia para meditar, que no es otra cosa que respirar conscientemente.

Me siento en mi banqueta de meditación, delante de mi altar, enciendo una vela, cierro los ojos y comienzo a llevar la atención al aire que entra y sale de mi cuerpo.

 

NACEMOS CON UNA INSPIRACIÓN Y MORIMOS CON UNA EXHALACIÓN

He tenido el privilegio de presenciar muchas primeras respiraciones, en todos los partos que he acompañado, y en esos momentos parece que el tiempo se detiene y la sala se inunda de la magia de la vida.

No hay nada especial en respirar, al fin y al cabo todo el mundo lo hace. Pero sin la respiración no estaríamos vivos. En cada momento la respiración es algo totalmente normal y a la vez extraordinario. 

Cuando inhalas el oxígeno llega a tus pulmones donde los pequeños capilares permiten el intercambio de oxígeno, esencial para la vida, por el dióxido de carbono que tu cuerpo ya no necesita. Es este proceso de dar y recibir el que te ayuda a producir la energía que necesitas para vivir.

Cuando nos tomamos el tiempo de reflexionar sobre la respiración podemos ver nuestra interconexión con la gran red de la vida. El oxígeno que respiramos viene de los árboles y las plantas que nos rodean y el dióxido  que exhalamos les da vida en un proceso de simbiosis milagroso.

La respiración consciente ya sea por un minuto, diez o una hora, nos aporta un estado de calma que nos permite la conexión con nosotros y la interconexión con los demás seres del planeta. 

A la vez que alimenta nuestros huesos, vísceras, corazón, le da presencia a tu cuerpo, calma el sistema nervioso y aporta energía y vitalidad.

La respiración es la puerta que nos lleva a estar aquí y ahora. Significa que siempre tenemos un refugio, un hogar, un lugar familiar al que volver una y otra vez, que no es más que nuestro SER, un lugar totalmente conectado a nuestra sabiduría innata.

DIME CÓMO RESPIRAS Y TE DIRÉ QUIEN ERES

A veces nuestra respiración es corta y superficial porque tenemos miedo a recibir, o la creencia de que no merecemos, o a veces es miedo de que nos hagan daño al tomar el mundo.  Otras nos apresuramos a tragar aire porque sentir el vacío se nos hace difícil. En otras ocasiones cogemos mucho aire y lo sostenemos aferrándonos a nuestra plenitud hasta el punto de marearnos porque nos es muy difícil dejar ir lo que ya está acabado.

Así que sentarte a solas con tu respiración es aprender sobre ti misma y tus temores y a la vez puede ser el comienzo del afianzamiento de tu sentido de tu seguridad y confianza en el mundo.

En esta etapa de mi vida, soy capaz de sentarme con mi respiración y disfrutar de mi vacío. Un vacío necesario para dejar la puerta abierta a que entren nuevas experiencias y aventuras a mi vida que alimenten mi Ser y mi sabiduría

Espero que estas palabras te animen a sentarte contigo misma para que con cada respiración, te permitas conectar contigo, nutrirte, disfrutar de ti y con cada expiración tengas el coraje de dejar ir lo que ya no necesitas para tu vida.

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Te espero en los comentarios. Ya sabes que lo que compartas puede alimentar el corazón y el alma de muchas mujeres que pasasen por aquí. Gracias.

Con amor,

Mónica Manso

 

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